CÓMO AJUSTAR EL SONIDO DEL AMPLI

(¡Socorro! ¡Mi ampli tiene demasiados botones!)

Por David Negrón.

Para conseguir ese sonido que tenemos en la cabeza, primero hay que conocer algunos elementos esenciales de nuestro ampli.

Más allá de las diferencias entre los distintos equipos (sobre todo en lo referente a canales y a algunas funciones específicas), la inmensa mayoría de los equipos vienen provistos, por lo menos, de:

a) Un ecualizador.
b) Un control de ganancia.
c) Una unidad de reverberación.

Para acercarnos a nuestro tono soñado hay que conocer bien cómo opera cada uno de estos dispositivos.

Antes de continuar:

Un amplificador se divide fundamentalmente en tres partes: el preamplificador (el «previo»), la etapa de potencia y el bafle/altavoz.

El previo nivela la tensión eléctrica que proviene de la guitarra. En este punto es donde operan los ecualizadores, los canales y las distorsiones. Es, en resumen, donde nace el «tono» de nuestro ampli.

La etapa aumenta la potencia de la señal para que, finalmente, se mueva la membrana de los altavoces.

Un pequeño «combo» contiene estos tres elementos unificados, y un cabezal, previo y etapa.

Exceptuando los controles de presencia y resonancia, que operan sobre la etapa de potencia, el resto de controles operan sobre el «previo».


A) ECUALIZADOR

El ecualizador procesa la señal de audio y modifica su contenido en frecuencias.

Lo usamos para reforzar o atenuar ciertas bandas de frecuencias, con el fin de compensar la respuesta del equipo o para ajustarlas a nuestro gusto. (Wikipedia).

En los amplis de guitarra, estas frecuencias se dividen en tres bandas:

  • Graves.
  • Medios.
  • Agudos.

1. Graves (BASS/LOW)

Le dan cuerpo al sonido.

La frecuencia de los graves es el lugar del espectro donde «habitan» fundamentalmente los bajistas y los baterías (bombo, principalmente).

Así que, en principio, no es demasiado relevante para los guitarristas.

Si hay un bajista haciendo bien su trabajo, no es necesario que rellenemos nosotros los graves.

De hecho, según estilos y situaciones, podemos llegar a entrar en conflicto con el bajo y estorbar, formando una maraña de graves (el temido efecto bola, pelota…).

Salvo que toquemos solos, sin una banda ni acompañamiento, no hace falta reforzar mucho los graves; un nivel medio es adecuado para la mayoría de las situaciones.

2. Medios (MID/MIDDLE)

La frecuencia de medios, por contra, «sí» es nuestro lugar en el mapa sonoro.

La guitarra opera esencialmente en la frecuencia de medios. De esta manera, si eliminamos los medios, nos cuesta más escucharnos con nitidez.

Cuanto más recortamos los medios, más «presión sonora» necesitamos para escucharnos bien.

Aparentemente, cuando ecualizamos la guitarra solos, sin el resto de la banda sonando, los medios aparecen como molestos y ruidosos.

Por este motivo, nuestra tendencia inicial siempre es la de recortarlos.

De esa manera, la guitarra suena más suave, menos estridente, con un sonido parecido al de un equipo HI-FI.

El problema llega cuando empieza a sonar la banda. (¡Cuando empieza la guerra!).

Cuando todo el grupo está sonando a tope de revoluciones (el batería «encafrado» pegando palos, el bajista dándolo todo, el otro guitarra probando su ampli nuevo, la masa rugiendo…), entonces, en ese momento, los medios resultan decisivos.

Si nuestro nivel de medios está por debajo del 25 %, nos encontramos ante un problema: no nos oímos y, aunque subimos y subimos el volumen, no acabamos nunca de tener ese «filo» y esa «pegada» que necesitamos. Al final, junto con el volumen, aumenta el desconcierto.

La solución en estos casos es, antes de nada, reforzar la frecuencia de medios.

Al subir los medios, aquello que nos resultaba estridente en la soledad del local de ensayo pasa a ser definición, nitidez y presencia, y todo sin incrementar demasiado el volumen.

Así que mucho ojo con eliminar los medios: es como borrarnos del mapa sonoro.

3. Agudos (TREBLE/HIGH)

Con los agudos controlamos el brillo, el «hiss» y los armónicos de las altas frecuencias.

No es tampoco nuestro «lugar» en el espectro.

Por norma general, cuando nuestro sonido es limpio, se agradece tener muchos agudos. Sonido cristalino, acampanado, «twang»…

A medida que vamos tocando con más distorsión, los agudos empiezan a molestar.

Aun con un ampli de mucha calidad, con mucha distorsión, los agudos pueden hacerte sonar «ratonero», «cutre», «estridente»…

Mi consejo de la semana es: a más distorsión, menos agudos.


B) CONTROL DE GANANCIA, CONTROL DE VOLUMEN

En este punto hay dos ideas clave:

  1. Volumen de entrada.
  2. Volumen de salida.

Es importante entender bien estos dos conceptos.

Este es uno de los «caballos de batalla» habituales de los que están empezando.

Hasta que no lo comprendemos, no somos capaces de dominar la distorsión y el ampli parece que se comporta como un «ente» con vida propia, que da un sonido distinto cada vez que lo enchufamos y tiende a hacer un poco lo que le da la gana.

El volumen de entrada lo podemos encontrar nombrado como:

Gain, Drive, Distorsión, Volumen, Pre, Boost, Lead…

Se refiere a la cantidad de señal que «entra» en el amplificador.

Si el volumen de entrada es lo suficientemente alto, el ampli se satura y se produce la distorsión. Es parecido a lo que ocurre cuando gritamos con fuerza a través de un micrófono. Si los altavoces son muy pequeños, el sonido se ensucia, se satura.

(La diferencia está en que, si saturamos un micro, un altavoz, una mesa de mezclas, un dispositivo digital o un dispositivo de transistores, no mola nada. En cambio, si saturamos un ampli de válvulas, la cosa cambia, ¡porque mola mucho!).

El potenciómetro de volumen de la guitarra AFECTA AL VOLUMEN DE ENTRADA.

Si en la guitarra el volumen está al 1, nunca conseguiremos una distorsión contundente. Si queremos «caña», la guitarra debe estar al 10 (¡o al 11!).

Por contra, si queremos un sonido limpio, el volumen de entrada del ampli deberá estar al mínimo o bien bajaremos el volumen de la guitarra.

Un error habitual es pensar que el volumen de la guitarra es un volumen de salida. El volumen de la guitarra es pasivo: recorta la señal, no la amplifica.

Por ese motivo, muchos principiantes me miran con cara de horror cuando les pido que suban el volumen de la guitarra a tope.

¡¡¡Imaginan que va a explotar todo!!!

Todo este asunto es como cuando conectamos un reproductor MP3 a un equipo de audio. El reproductor tiene un volumen y el equipo también.

Si subo el volumen del MP3 (volumen de entrada), no atronaré, a menos que el volumen del reproductor esté alto (volumen de salida).

(En este caso concreto, no pasa nada si el MP3 está a tope, porque, por naturaleza, no saturará el equipo. Es más, si no está a tope, al subir el equipo aumentará también el ruido. Con la guitarra podemos jugar mucho más con el volumen de entrada para conseguir distintos efectos).

Por tanto, el control que hace que todo salte por los aires es el VOLUMEN DE SALIDA. Y no está en la guitarra, está en el ampli.

A este último se le suele llamar Master, Post, Main Volume…

Este sí que controla los decibelios reales, de forma INDEPENDIENTE del volumen de entrada.

Da igual si el volumen de entrada está al mínimo (sonido limpio) o a tope. El master sube el volumen, como lo hace el control de volumen de un equipo de música o el de un televisor.

Hay otra idea esencial que debemos tener en cuenta para comprender cómo funciona un ampli.

Si el volumen de entrada está muy alto, si tenemos ya un nivel de distorsión (si estamos en el canal «Distor»), el ampli funciona como un «embudo».

Si ya tenemos distorsión, da igual cuántos pedales más pongamos entre la guitarra y el ampli… El sonido se saturará más y más, pero el VOLUMEN DE SALIDA no se verá afectado.

Lo podemos comprobar tocando con distorsión: da igual si tocamos flojo o fuerte; no se perciben cambios drásticos en el volumen de salida.

Si le doy duro a las cuerdas, casi suena igual que si las acaricio.

Esto ocurre porque la distorsión COMPRIME el sonido.

La distorsión hace de EMBUDO.

Por otro lado, si estamos en un canal limpio (con el volumen de entrada bajo), no se produce la compresión y sí afecta el hecho de que usemos pedales o que nuestra ejecución sea intensa.

Habrá una gran diferencia entre acariciar cuerdas o «aporrearlas».

Recordad: la distorsión comprime el sonido.

Para que una guitarra suene «pro», debe estar comprimida.


CONFIGURACIONES HABITUALES (PRESETS)

Vamos a ver algunos de los «presets» de sonido más comunes.

1. SONIDO LIMPIO

Para un sonido limpio estándar, podemos poner graves al 50 %, medios al 50 % y los agudos alrededor del 75 %.

Los agudos en el sonido limpio no molestan y nos dan sensación de «cristal».

El volumen de entrada, la distorsión, debe estar al mínimo.

Como en el sonido limpio no tenemos la compresión que nos proporciona la distorsión, siempre recomiendo a todo el mundo usar un pedal de compresión para el sonido limpio y así evitar «picos» de volumen.

2. CRUNCH

Se denomina así al sonido con un nivel de distorsión medio, típico de BLUES, R&R y ROCK en general.

Graves al 50 %, medios al 50-75 % y agudos al 50 %.

Ganancia a la mitad.

A medida que aumenta el nivel de distorsión, conviene recortar los agudos para evitar «estridencias».

3. DISTORSIÓN (Rock clásico)

Para un sonido potente, grueso y eficaz, colocar toda la ecualización al 100 %. (Si molestan, se pueden recortar los agudos un poco).

Habitual en usuarios de Marshall.

Poder absoluto.

Volumen de entrada Gain, Drive, etc., a tope.

Fácil de recordar.

Este preset funciona muy bien con los amplis de prácticas. Nos da una buena respuesta y suena grueso.

4. JAZZ

El estándar de jazz, en esencia, es un sonido limpio (ver sonido limpio), pero con muy pocos agudos.

Podemos recortar los agudos con el control de tono de la guitarra (lo situamos por debajo del 5) o recortando agudos en el ampli, por debajo del 50 %.

5. NU-METAL

Desde la década de los 90, el sonido de distorsión ha adoptado el estándar propuesto por los grupos de «thrash» a finales de los 80.

GRAVES: 100 %
MEDIOS: 0 %
AGUDOS: 100 %
GANANCIA: al máximo.

Al ser un sonido con ausencia de medios, el nivel de presión sonora que se necesita para destacar es mucho mayor que el de una distorsión convencional (ver «distorsión»).

Dicho de otra manera: hacen falta muchos vatios para que resulte eficaz.

(Podéis encontrar un buen número de presets de vuestros guitarristas favoritos a través de la red).


C) LA REVERB

La mayoría de los amplis incluyen un control de Reverb.

La Reverb nos permite simular un espacio tridimensional.

Con mucha Reverb, la guitarra se aleja y da la sensación de estar en una gran sala. Con poca Reverb, la guitarra se «acerca» a nosotros.

Su implementación en los distintos sonidos es sencilla:

A MÁS DISTORSIÓN, MENOS REVERB.

Si nos pasamos de Reverb con la distorsión, el sonido se «enguarra» y se hace confuso.

En estilos como el COUNTRY, sobre todo en el SURF-ROCK, cuyo preset habitual es el sonido limpio, la Reverb se puede poner al máximo.

En estilos como el NU-METAL, la Reverb prácticamente se elimina.

OTROS CONTROLES

Muchos amplis llevan un control llamado PRESENCIA.

La presencia afecta a los agudos de la etapa de potencia.

Así que viene a funcionar de forma muy parecida a los agudos normales, aunque un poco más «mediosa».

Se le denomina presencia porque opera sobre una frecuencia característica de la guitarra. Por medio de este control aumentamos nuestra relevancia en la mezcla, se nos percibe mejor.

En los amplificadores Vox, la presencia viene nombrada como «Cut» y opera a la inversa. Más Cut, menos presencia.

RESONANCIA

La resonancia son los graves de la etapa de potencia.

CONTOUR

El contour nos facilita la ecualización porque opera sobre las tres bandas —graves, medios y agudos— a la vez.

Con el contour al mínimo, la curva de ecualización tiene forma de «sonrisa», de «V»: muchos graves, pocos medios, muchos agudos.

En la mitad, la curva de ecualización es una línea horizontal: graves, medios y agudos al 50 %.

Con el contour a tope, la curva de ecualización simula una boca triste: pocos graves, muchos medios y pocos agudos.


D) ALGUNOS CONSEJOS ÚTILES

«Nuestro oído no percibe de igual manera las frecuencias cuando el volumen varía».

Esto significa que conseguir un buen sonido en casa no implica que ese sonido vaya a funcionar necesariamente bien en el local de ensayo y viceversa.

Personalmente, yo uso distintos presets para casa que para directo.

Tened esto muy en cuenta. Para cada volumen, el ajuste del ampli varía.

Con el volumen bajo podemos subir mucho los agudos y estos no resultan molestos; incluso hacen que todo suene más nítido.

A medida que el volumen sube, los agudos reviven en forma de «bestia» taladradora de oídos, y los graves se convierten en un auténtico monstruo venido de las profundidades del averno…

Por otro lado, nuestro oído se cansa.

No olvidéis esto si no queréis volveros locos:

Lo que percibimos después de horas de práctica no tiene nada que ver con lo que percibimos con el oído «fresco».

Así, lo que anoche sonaba fenomenal, hoy por la mañana no tiene por qué gustarme, y al contrario.

Eso significa que los cambios de ecualización deben hacerse l.e.n.t.a.m.e.n.t.e., sin volvernos locos a «botonear».

Hay que tener paciencia y esperar varios ensayos para dar con el mejor ajuste.

Las condiciones acústicas de la sala influyen.

Nuestro ampli no suena igual en el local de ensayo que en el directo.

Todo influye: tamaño del local, tipo de revestimiento de las paredes, si es al aire libre o no, SI HAY PÚBLICO O NO, altura de los techos…

Por tanto, no hay un ajuste definitivo que valga «para siempre».

Hay que abrir bien el oído para adecuarnos a cada situación.

A veces, el problema radica en lo que «sobra» y no en lo que «falta».

En ocasiones, cuando no damos con el sonido, nos dedicamos a incrementar e incrementar frecuencias: más graves, más agudos…, cuando el problema puede estar en que estamos pasados de graves, agudos…

(Lo que percibimos como falta de graves puede ser un exceso de agudos y viceversa).

Los amplis de válvulas suenan diferente cuando se calientan.

Yo calculo que hacia la hora o dos dan su verdadero tono y nivel de distorsión.

Cuando están fríos, a veces, ni siquiera se saturan.

Lo mejor es dejarlos encendidos el mayor tiempo posible antes de trabajar con ellos.

Utiliza el bucle de efectos («Send y Return»).

Más arriba hemos comentado que un ampli con distorsión funciona como un embudo, de manera que, si incrementamos el volumen por medio de un pedal antes de atacar el ampli, el volumen no varía; el ampli se satura más, pero el volumen sigue igual.

Pues bien, todos los pedales colocados a través del LAZO DE EFECTOS funcionan DESPUÉS del embudo (después del previo) y, por tanto, no se ven afectados ni por la distorsión ni por la compresión.

De esta manera, un pedal de volumen colocado en ese punto realmente SÍ incrementa el volumen.

El lazo de efectos está situado entre el previo y la etapa de potencia.

Por el lazo de efectos se suelen colocar todos los efectos que tienen algún parámetro «time»: DELAY, CHORUS, REVERB, LOOP, PHASER, FLANGER, VIBRATO, TRÉMOLO…

Usa buenos cables.

Un mal cable se come el tono y mete ruido.

Muy importantes los «latiguillos» de los pedales: deben ser de buena calidad. (Sobre todo si son largos; si no, también se comen el tono).

Una instalación eléctrica defectuosa también influye en el tono y en el ruido.

(Atentos a la toma de tierra: si falta o no está bien instalada, ¡tendremos una auténtica motosierra dentro del ampli!).

Los cables de red deben estar separados de los de audio para evitar interferencias y ruidos.

Las pedaleras digitales, mejor por el «Input».

La mayoría de las pedaleras están diseñadas para colocarlas entre la guitarra y el ampli. Funcionan peor a través del lazo de efectos.

Se recomienda conectarlas al canal limpio y colocar los controles del canal a la mitad, ya que estas pedaleras vienen provistas de su propio ecualizador.

El volumen «Master», un invento relativamente reciente.

Los amplificadores antiguos o de diseño «retro» no disponen de volumen Master.

De esa manera, el volumen de salida se controla con el volumen de entrada y así, el nivel de distorsión y el nivel de salida están unidos.

Hasta que los amplis no dispusieron de un volumen Master, no se pudo tocar con mucha distorsión a un volumen bajo.

Utiliza el «Standby» para mejorar el rendimiento y la duración de las válvulas.

Los amplificadores de válvulas disponen de dos botones de encendido: POWER y STANDBY.

El Power da corriente al amplificador.

El Standby permite tener el amplificador encendido, con las válvulas calientes, pero en un modo «ahorro».

Hasta que no activamos el Standby, el ampli no suena, pero mientras tanto, las válvulas están calientes sin dar pleno rendimiento.

Para hacer sufrir lo menos posible a las válvulas, se recomienda encender el Power y esperar varios minutos antes de activar el Standby.

Para apagar el ampli, justo al contrario: primero desconectamos el Standby, esperamos y, finalmente, apagamos el Power.

Este ritual alarga la vida de las válvulas.

Para los conciertos, lo mejor es activar el Power 1 o 2 horas antes de tocar y el Standby unos 20 minutos antes del «show».

Por último, recordad que cada ampli es un mundo y cada guitarra también.

Tomároslo con calma y dejad que vuestro oído se acostumbre a los cambios.

Uno de los errores habituales es empezar a tocar botones casi sin haber escuchado nada y sin comprobar ni siquiera cómo está la guitarra.

No olvidéis que, en realidad, no hay nada «escrito en piedra» y que, por tanto, vuestra intuición y vuestro oído deben mandar a la hora de tomar decisiones.

Nuestra percepción del sonido varía con los años, con el cansancio, con el volumen, con la guitarra, con los pedales, con la sala… Así que el ajuste del ampli es algo permanente, recurrente, continuo.

Hay que tomárselo como algo que empieza y no acaba nunca. (¡Salvo para los que usan el mismo equipo año tras año!).

Recordad que cuanto mayor es el nivel técnico o de ejecución de una banda, menor es el volumen que esta necesita para que todo suene bien.

Pase lo que pase, si estamos «fuera de plano» (muy por encima o muy por debajo del nivel óptimo), da igual cómo hayamos ecualizado el ampli.

Saber cuál es el nivel adecuado para cada momento es una muestra de veteranía y de saber estar.

¡Disfrutad con el ajuste! ¡Nos vemos!


David Negrón, noviembre de 2011.

¡Agradecimientos a Irene Delgado por la revisión técnica!